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8 dic 2013

PRIMER VIAJE A ETIOPIA: Tribu Dassanech

Al día siguiente vamos a ir hasta Omorate para visitar un poblado de los Dassanech, también llamados Geleb. Es una tribu que habita en el extremo sud-occidental de Etiopía, en las fronteras con Kenia y Sudán. Son unos 20.000 individuos y se dedican principalmente al pastoreo, aunque también cazan cocodrilos para alimentarse y realizan algún cultivo en las riberas del río Omo.
El límite entre Etiopía, Kenia y Sudán es el llamado triángulo de Ilimi, una zona tradicional de conflictos entre las tribus Dassanech, Turkana y Bume por las disputas con las tierras de pastoreo. Antiguamente las disputas se resolvían con lanzas o machetes, pero hace tiempo que estas armas dieron paso a los fusiles, con sangrientos resultados. En la época de mi vista Sudán vivía una época de guerra civil entre el norte y el sur. Muchos hombres de esas tribus se enrolaron en las milicias del sur para así tener armas y municiones. Los tradicionales enemigos de esta tribu son los Turkana, en Kenia, por el sur; los Bume, por el norte y los Hamer, por el este. 
Tenemos que recorrer los 90 km de pista que separan Turmi de Omorate, la principal población Dassanech. Omorate es aún más pequeño que Turmi. Existe un puesto de policía a la entrada donde hay que entregar el pasaporte antes de cruzar el río Omo para visitar un poblado, pues la frontera de Sudán y Kenia están muy cerca.
Cruzamos el río Omo en las mismas canoas que usan ellos, construídas con troncos de árbol huecos. Parecen un auténtico cascarón. Para nuestra sorpresa hay niños que cruzan el río a nado, pues en el río Omo hay cocodrilos, pero nos informan de que en este tramo no habitan.


Llegamos a la otra orilla y al poblado se llega tras un corto paseo. La zona es muy desértica. Desde luego tiene que ser bastante duro vivir aquí. Tormentas de polvo azotan con frecuencia la zona y el paludismo está muy extendido. El calor es infernal: lo normal durante el día es que la temperatura sobrepase los 40 grados. Las chozas son más pequeñas que las de los Hamer. Debido a la cantidad de polvo hay muchos niños que casi toda su piel es de color blanquecino al estar cubierta de polvo.  Se ve bastante más pobreza que en los poblados Hamer.








Pero que nadie se llame a engaño. Aunque sean pobres los Dassanech son feroces guerreros, orgullosos y muy belicosos. Son temidos por todas las tribus vecinas. Tienen la costumbre de castrar a los enemigos. Están en permanente conflicto con otras tribus por problemas generados por las tierras de pastoreo y realizan incursiones para robo de ganado. En 2011 una partida de guerreros Dassanech cruzaron la frontera con Etiopía y atacaron un poblado turkana para robar ganado con el resultado de 69 muertos por parte de los Turkana.

Y ahora un enlace a un vídeo sobre esta tribu.


6 dic 2013

PRIMER VIAJE A ETIOPIA: Tribu Hamer

Continuamos nuestro camino hacia Turmi. Empezamos a ver en los lados de la carretera a miembros de la tribu hamer, pues ya estamos en su territorio. Los hamer son una de las tribus más numerosas de la zona, con unos 15.000 individuos. Un hombre puede tener varias mujeres. Se dedican a la agricultura y al pastoreo. Son comunes, como en otras tribus, las incursiones para robar ganado. Sus enemigos naturales son los Dassanech, por el oeste y los Arbore, por el este. A los arbore consiguieron desplazarlos aún más hacia el este. Con los Dassanech, pueblo guerrero por excelencia, no han podido y son comunes los enfrentamientos armados entre ambos. Poco antes de mi viaje se había producido una etapa de enfrentamiento bélico, con el resultado de 15 muertos entre ambas partes.
Les gusta adornarse mucho el cuerpo con pinturas que obtienen mezclando arcilla y grasa de vaca, lo que les confiere un olor especial, no desagradable. Los hombres suelen llevar en la cabeza una especia de casquete hecho con barro y plumas de animales. Las mujeres llevan peinados hechos también con arcilla y grasa animal. Son comunes en los hombres las escarificaciones en el torso, muestra de haber matado a un enemigo o a un animal. Las mujeres también llevan escarificaciones como adorno, así como pulseras en las muñecas y los tobillos y collares en el cuello. Los collares los llevan las casadas y la primera mujer lleva una especie de protuberancia en uno de los collares, pues es la que tiene mayor estatus social y la que lleva el peso de la familia. Los hombres llevan en la mano una especie de taburete muy pequeño, llamado borkota, que les sirve para sentarse o para apoyar la cabeza cuando se tumban.
Las mujeres también llevan en la espalda cicatrices producidas por los hombres, al pegarles con una vara en la ceremonia del salto del Toro. Tienen diferentes tradiciones que ya iré contando en los siguientes viajes, pues al año siguiente pasé cinco días aquí y otro año después pasé con ellos 10 días.
Los hamer son la tribu más acogedora y hospitalaria. Es muy fácil entablar amistad con ellos y los tres días que pasamos en Turmi resultaron muy agradables. Las mujeres destacan por su belleza.
Nos alojamos en una zona de acampada a 1 km del poblado. Es lo más parecido a un cámping que encontraremos en todo el recorrido. Hay un espacio al aire libre techado para comer, otra zona con un par de duchas u un par de letrinas, que a última hora del día, cuando se regresa de los viajes, están impracticables debido a la gente que ha ido pasando por allí durante todo el día.
Turmi cuenta con unas cuantas chozas y otras cuantas casas de adobe que funcionan como comercios como bar. También había en esa época, un par de hoteles, por así llamarlos, pero había que estar muy desesperado para meterse allí a dormir. Hay un puesto de policía que curiosamente no tiene ningún tipo de vehículo para desplazarse y un pequeño dispensario llevado por un par de enfermeras pagadas por el gobierno. Aquí la sanidad no es gratis y cualquiera que vaya lo tiene que pagar. Hay que resaltar la gran labor que realizan los profesionales de enfermería en esta zona tan remota y con unos medios tan escasos. Aunque la verdad sea dicha resulta un trabajo bastante frustrante. En el dispensario venden un tratamiento para el paludismo (ya dije que la sanidad no es gratis) que al cambio cuesta unos 20 céntimos de euro. Varias veces los he comprado para dárselo a alguien que tiene un familiar enfermo, pero no todas las veces se emplea para eso. No es nada raro que lo revendan para comprar otro artículo o lo que es peor, para comprar alcohol.
El alcoholismo, uno de las consecuencias que ha traído el progreso, es un grave problema. Los días de mercado sólo hay que sentarse a la puerta de la zona de acampada para ver regresar a los poblados a muchos hombres que van de lado a lado del camino. Luego las consecuencias las pagarán las mujeres y los hijos. Es una pena que el dinero que sacan de los turistas o en el mercado lo empleen en muchos casos en emborracharse pudiendo comprar con él algo tan simple como unas sandalias. Esto afecta a todas las tribus: a los poblados mursis es una temeridad ir por la tarde porque ya hay mucha gente borracha; en Key Afar, una población de la zona, la policía prohibe que se porten armas el día del mercado porque una vez acabaron a tiros debido al alcohol...
Es la tribu más acogedora y resulta muy fácil hacer amistad con ellos. Aunque, al igual que todas las demás tribus, exigen el pago de una cantidad por hacer fotos, una vez que conoces a algunos y entablas relación de amistad eso se difumina. En mi segundo y tercer viajes a Turmi hice muchísimas fotos por las que no tuve que pagar nada, pues ya conocía a varios de los viajes anteriores.
Los poblados son pequeños, de unas pocas chozas y están rodeados de una empalizada hecha de arbustos. Los animales que pastorean son sobretodo vacas y cabras.
Al dí siguiente de la llegada se celebraba el mercado semanal. Este, junto con el de Dimeka, son los principales mercados de los hamer. A primera hora de la mañana comienzan a llegar hombres y mujeres de poblados a veces muy lejanos. En muchos casos se han puesto en marcha el día anterior. En el mercado se venden sobretodo sorgo, algunas hortalizas, cabras, telas y utensilios para cocinar. Por la tarde, al acabar, hay hombres (y algunas mujeres) que se dedican a beber, empleando las ganancias que puedan haber obtenido al vender algún artículo.
La mayoría de las mujeres y niñas caminan descalzas. A algunas niñas les compramos unas sandalias que venden hechas de neumáticos y nuestra decepción es grande cuando al día siguiente les vemos sin ellas. La razón más habitual es que al llegar a casa su padre o hermanos se las han quitado para venderlas.












Por la tarde viajamos a un poblado cercano para asistir a una danza tradicional. Allí fié donde conocí por primera vez a Gele, un hamer que me ayudaría mucho en mis dos viajes siguientes a la zona.










Al llegar a la zona de acampada acude una hamer llamada Gadi preguntando por otro español que conoció en un anterior viaje. Me permite hacerme fotos con ella y con su hijo pequeño sin pedirme dinero a cambio. Sería también el comienzo de una gran amistad en los viajes posteriores.







Y a continuación otras fotos de varios miembros hamer que conocí en ese primer viaje.







A continuación dejo el enlace a un interesante vídeo que da una visión general de algunas de las tribus que visité.
Y otro vídeo sobre el mercado de Turmi y la tribu Hamer.





30 nov 2013

PRIMER VIAJE A ETIOPIA: Konso-Turmi

El día en el cual entraremos en el Valle de Omo no levantamos temprano para hacer el trayecto hasta Turmi, el principal poblado de la tribu hamer. Se me había olvidado comentar que desde hace Arba Minch tenemos nuevo conductor. Se llama Brandt y es el perfecto chofer: educado, no habla más de lo imprescindible, inigualable cuando se trata de sortear las difíciles pistas por las que vamos a transitar. Con el que traíamos hasta entonces hubiéramos tenido muchas posibilidades de conocer a fondo lo que es un hospital etíope. Los conductores de los otros tres vehículos son también muy buenos profesionales. Se tiran toda la temporada de verano haciendo viajes continuamente desde Addis a la zona del río Omo. Hay uno de los cuatro al que yo llamo "Zurullo" por la cara de bruto que tiene, y además es que lo es. Nos contaron los que iban en su vehículo que una vez fue a adelantar y vió que enfrente venía una bicicleta. No por ello frenó y siguió adelantando. En el coche todos se echaban las manos a la cabeza al ver que se tragaba a la bicicleta y el ciclista. Al final no le quedó más remedio al ciclista que echarse a la cuneta. Zurullo por lo visto echó una carcajada.
Al poco de abandonar con Konso comenzamos a descender y se muestra ante nuestra vista una grandísima llanura, la depresión de Weito. Parece un paisaje del desierto de Arizona.


Tras varias horas por este paraje llegamos a Weito. En este lugar la pista se divide en 2: un ramal que va hacia Jinka y otro a Turmi y Omorate. En Weito hay una especie de restaurante donde paran los grupos de turistas y los camioneros que transportan mercancías hasta los destinos antes citados. Paramos a comer. Hace un calor sofocante. El viaje se hace más duro porque se va tragando continuamente polvo y por esa razón no se pueden abrir las ventanillas. Cuando estamos comiendo aquí no me imaginaba que dos años después estaría dos días durmiendo aquí, con la mochila atada la pierna y un cerco de sillas a mi alrededor para prevenir que me la robasen debido a la fauna humana que tenía alrededor.
Tras la comida continuamos el viaje hacia Turmi. Antes de pasar un río nos detenemos ante el último control policial. La barrera es una cuerda. En aquel viaje yo había leído que hacía falta un permiso expedido en Addis para llegar hasta Turmi en solitario. Dos años más tarde, cuando viajé por mi cuenta, comprobé que eso no era cierto.
Poco después llegamos al poblado de la tribu Arbore. Los Arbore son unos 8000 miembros. Están, como el resto de las tribus de la zona, en conflicto permanente con otros pueblos por el tema de los pastos para el ganado. En toda la zona del valle del Omo son también comunes los robos de ganado entre tribus, dando lugar a veces las sangrientas acciones de represalia. Como ya comenté anteriormente todos los hombres tienen su fusil al hombro. Los miembros que vivían más hacia el sur, hasta la frontera con Kenia, han tenido un largo historial de enfrentamiento con la tribu hamer por el tema de los pastos de ganado. Los hamer salieron victoriosos y desplazaron a los arbore más hacia el este, donde habitan los borana, con los cuales no han tenido conflicto.
Otro aspecto a destacar en todas las tribus es que son unos maestros en cuanto a la estética corporal. Les gusta mucho pintarse la cara y el cuerpo. Cada tribu lleva un tipo de peinado diferente y suelen lucir pulseras en las muñecas y los tobillos así como collares. Son también muy comunes las escarificaciones en el cuerpo, como adorno en el caso de las mujeres con el caso de los hombres con motivo de haber matado a un animal o a otro enemigo. Se considera motivo de orgullo.
Al llegar al poblado comienza el ceremonial: el guía debe negociar con el jefe el precio para poder sacar fotos. Esta va a ser la constante con todas las tribus. Si no se paga no hay foto. Esto incomoda a algunas personas, pues piensan que se pierde naturalidad pero es algo común en muchos países de África. Cuando visite por primera vez un poblado masai, en Tanzania, lo primero que hubo que hacer es negociar con el jefe lo que iba costar la visita al poblado. Y cuando pasaron los 45 minutos que teníamos asignados el mismo jefe se encargó de echarnos sin contemplaciones. Nos guste o no nos guste hay que pasar por el aro. Con el dinero que sacan de las fotos pueden comprar muchas cosas, desde ganado hasta armas u objetos que compran en los mercados semanales. También hay que comprender que para ellos la visita de un grupo de turistas supone una intromisión en su vida. A nadie nos gustaría que estando en nuestra casa llegase un grupo de turistas y nos comenzase a hacer fotos por las buenas. Así que ahí tenemos a un grupo de mujeres y niños posando para que los fotografiemos.




Poco después notamos que algo les contraria. Empiezan a ponerse de mal humor y a mirarnos con cara de no muy buenos amigos. Se están poniendo cada vez más violentos y por indicación del guía optamos por introducirnos en los coches y salir de allí cuanto antes. El guía nos informa de lo que ha pasado: en algunos poblados se negocia con el jefe y se le da dinero para que luego lo reparta entre todos los miembros; en otros se paga directamente a la persona a la que haces la foto. Aquí se había dado el dinero al que hizo de negociador y luego no lo había repartido entre los miembros de la tribu. Por eso pensaban que estábamos haciendo las fotos por el morro, sin haber pagado. La verdad es que cuando abandonábamos el poblado me esperaba en cualquier momento una piedra estampándose contra el cristal trasero del vehículo.
Aquí dejo un enlace con un interesante enlace a YouTube para ver un video sobre la tribu Arbore. Se puede contemplar cuál era el estado de las pistas que nos íbamos a encontrar a partir de ahora





26 nov 2013

PRIMER VIAJE A ETIOPIA: Comienzo ruta Valle del Omo

Por fin iba a dar comienzo el momento que más estaba esperando: el comiendo de la ruta a través del valle del río Omo. Ahora iba a poder ver con mis propios ojos todos los reportajes que había visto en el magnífico canal de viajes de Lonely Planet.
El Valle de Omo es una región remota y aislada en el extremo suroeste de Etiopía, lejos de Addis, la capital (Omorate, una aldea dassanech que visité está a casi 1000 km de Addis), a donde se llega por pistas infernales en algunos tramos y en las cuales, durante la época de lluvias, no se puede transitar por muchas de ellas y es imposible llegar a algunas tribus. 
En la zona habitan casi 30 grupos étnicos diferentes, cada uno con su propia lengua y costumbres. Las diferentes tribus están en conflicto permanente con las tribus vecinas. Son comunes los robos de ganado y las acciones de represalia que ello conlleva. Como ya he reseñado en las primeras entradas en el año 2005, en el cual realicé mi último viaje a Etiopía, guerreros borana, una de las tribus que había visitado en 2003, cruzaron la frontera con Kenia y atacaron una aldea de la tribu gabra, sus tradicionales enemigos, con el resultado de más de 60 muertos, la mayoría mujeres y niños. Este ataque se repitió en 2010 y produjo más de 40 muertos. En 2011 miembros de la tribu dassanech, la cual visité en 2003 y 2004, cruzaron la frontera con Kenia y atacaron un poblado turkana para robar ganado, con el resultado de casi 50 muertos.  A todo esto contribuye en gran manera el fácil acceso a las armas de fuego. Los hombres hace tiempo que abandonaron la lanza y ahora todos llevan un fusil kalashmikov al hombro. Ello es debido a la guerra civil que existía en Sudán y las armas de fuego que se pasaban de contrabando por la frontera.
La vida es muy dura para sus habitantes. La zona tiene una incidencia de paludismo muy elevada. Recuerdo, en mi segundo viaje a la zona, la primera vez que oí un disparo en medio de la noche en Turmi, un poblado hamer. A la mañana siguiente me explicaron que cuando alguien muere se dispara al aire para anunciarlo. Había muerto una mujer joven de paludismo. Al año siguiente, cuando pasé 10 días en el mismo poblado, oí varias veces los disparos al aire.
La gente sigue viviendo como hace cientos de años. Se necesita cambiar nuestra manera de pensar para poder visitar la zona con un mínimo de curiosidad. Lo que para nosotros es normal para ellos muchas veces no lo es, y hay varias prácticas de esas tribus que en nuestra sociedad parecerían aberraciones: 
Por ejemplo los mingui. Cuando a un niño o niña pequeños les crecen antes los dientes inferiores a los superiores se considera signo de desgracias y enfermedades de todo tipo y, aunque los padres traten de ocultarlo, los ancianos se lo acaban arrebatando y desaparece para siempre. recuerdo un documental que ví en televisión al regreso de mi primer viaje en el cual una anciana de la tribu hamer que vivía sola, pues su marido había fallecido, recordaba con nostalgia una niña que tuvo y, debido a que la consideraron mingui, se la arrebataron y nunca la volvió a ver. Ahora se sentía muy sola y la echaba mucho de menos. Igual ocurre cuando nace un niño deforme. No he visto a nadie con alguna deformidad física entre los miembros de esas tribus.
Igualmente incomprensible para nosotros es que las mujeres hamer lleven todas la espalda con grandes cicatrices en el lado izquierdo debido a que durante la ceremonia del salto del toro son azotadas por los hombre con una vara a modo de látigo. Y lo más curioso es que son ellas las que piden ser azotadas, pues cuantas más cicatrices tengan para ellas es más motivo de orgullo.  Es por lo que me refería al cambio del modo de pensar al visitar la zona. Si no, cualquiera calificaría esa acción como violencia de género y para ellos tiene un significado totalmente distinto.
Y por mucho que reprobemos tales prácticas ellos no van a cambiar sus costumbres. Varias veces funcionarios del gobierno o misioneros han intentado erradicarlas y se han encontrado con que han sido expulsados sin contemplaciones. Y  cuando la vida propia corre peligro nadie insiste. Recuerdo un reportaje que ví antes de mi primer viaje de un aventurero sudafricano que hizo un viaje por la zona del Valle de Omo y lago Turkana. Recorriendo una pista cerca del lago vieron una tumba a un lado de la pista. Les informaron que se trataba de un misionero que había intentado erradicar algunas de esas prácticas sin ningún éxito.  Siguió insistiendo hasta que un día se cansaron de él y le pegaron un tiro.
En pocos lugares de Africa se pueden observar guerreros que luzcan orgullosos escarificaciones en su abdomen por haber matado a enemigos. En mi tercer viaje conocí a un hamer que tenía cinco escarificaciones por haber matado a otros tantos guerreros dassanech. También ví a un joven de la tribu karo de unos 18 años que en su hombro izquierdo tenía una cicatriz de un balazo recibido en un encuentro con varios guerreros mursi.
Los paisajes que ví fueron maravillosos y aunque los animales salvajes son más difíciles de ver que en otros países, como Kenia o Tanzania, en el segundo viaje, acampando por la noche junto al río Neri, en el Parque Nacional Mago, pudimos oír leones que acudían a beber al río a no más de 200 m de donde estábamos.
Y una de las zonas que había que atravesar, en el Parque Nacional Mago, estaba infectada de mosca tse-tse, la que produce la enfermedad del sueño. Por muy bien que se cerrasen las ventanillas todos recibimos varios picotazos. Los guías y conductores nos tranquilizaron. Ellos pasaban varias veces por la zona a lo largo del año y nunca habían desarrollado la enfermedad. Por fortuna en mis tres viajes a la zona ni pillé ninguna enfermedad seria, ni siquiera una diarrea. El único percance fué, al regresar del segundo viaje, una nigua (pulga que tiende a picar en los pies y enquistarse hasta formar larvas) que requirió la extirpación tras realizar una incisión. Pero ví a otros que se contagiaron con amebas o diarreas de las que te pueden fastidiar el viaje. 
Las pistas en algunos lugares no tendrían comparación con lo vivido hasta ahora. Nunca he tragado más polvo como en el trayecto entre Murille y el Parque nacional Mago. Al final todo (cara, ropa, etc) estaba de color amarillo y la boca y nariz se encontraban llenas de polvo.
Además estaban los shiftas, bandidos somalíes que operan en la región fronteriza de Kenia con Etiopía. En el segundo viaje que realicé a la zona intentamos ir desde Omorate al lago Turkana y nos lo desaconsejaron debido a que recientemente todoterreno con turistas extranjeros que estaban visitando el Lago Chew Bahir, en la frontera de Etiopía y Kenia, había sido asaltado por los shiftas. Tuvieron suerte de que sólo les robaran. Hoy día posiblemente les hubieran secuestrado.
Todo esto supondría un desgaste más mental que físico. Por todo lo anteriormente contado hay un bombardeo continuo de nuevas sensaciones. A lo cual hay que sumar, como bien conoce quien haya realizado viajes a Africa, la lucha por quitarte de encima al típico jeta que se te pega nadamos llegar a un lugar y va a tu lado sin decir nada, como tu sombra, para luego decirte que le tienes que dar dinero por haber hecho de guía.
Así comenzaba la etapa más interesante del viaje. El primer tramo sería llegar desde Konso a Turmi, un poblado Hamer, pasando por un poblado de la tribu Arbore.

Dejo el enlace a un par de interesantes vídeos sobre el Valle de Omo:

19 nov 2013

PRIMER VIAJE ETIOPÍA: Tribu Konso

A partir de Arba Minch se acaba el asfalto y de ahora en adelante todo serán pistas. En adelante recorreremos casi 1000 km a través de pistas por la zona sur de Etiopía. Algunas están en mejores condiciones, pero en general supondrán una dura prueba para los todoterreno y para la pericia de los chóferes. En algunos tramos se convierten en un auténtico infierno.
Antes de abandonar el hotel un grupo de chiquillos acude a despedirnos con el típico grito de "iu, iu, iu". Esto es muy común en todo el país, al ir pasando por los poblados los niños salen acuden corriendo hacia los coches donde van los turista gritando el típico "iu, iu, iu". También es muy frecuente entre los más mayores que cuando vean a algún extranjero griten "faranji", es decir, "extranjero" en amárico.


Comienza el recorrido por pista que nos llevará hasta el pueblo de Konso, el principal de los diversos poblados de la tribu del mismo nombre. Está en una zona montañosa. Por el camino nos vamos encontrando con los primeros miembros de la tribu konso.




Por fin llegamos al poblado de Konso, un conjunto de calles de tierra y algunos hoteles. La calidad de los mismos han empeorado considerablemente con respecto a los que hemos tenido hasta ahora, pero es que no hay nada más. Echo el saco-sábana encima de la cama, la cual ni siquiera llegó a abrir para no ver cómo estarán las sábanas. El cuarto de baño hace que no recibe una limpieza a fondo ni se sabe. Encima del lavabo si alguna vez hubo algún espejo ha desaparecido hace tiempo. En cuanto la ducha solo hay agua fría (cosa de lo más común cuando viajas por zonas rurales en África) y la alcachofa también ha desaparecido. Cualquiera que haya realizado viajes a través de África sabrá de lo que hablo. Debajo de la cama tengo por costumbre no mirar. Este es mi sexto viaje a África y la experiencia me ha enseñado que es mejor no mirar debajo de las camas para no ver a la fauna con la que tendrás que compartir la noche. En cuanto a las picaduras de pulga, no hay que tener tanta obsesión como la gente piensa en los viajes a Etiopía, pero es cierto que más de la mañana te levantas con unas cuantas picaduras.
Konso es la capital de la zona suroeste de Etiopía. Se halla a una altitud de 1650 m. Tiene unos 5000 habitantes, una estación de servicio y la electricidad es producida por un generador. 
La tarde la vamos a dedicar a visitar poblados de los alrededores. 
Los miembros de la tribu konso son principalmente agricultores. También tiene una merecida fama como artesanos: carpinteros, herreros, alfareros, etc. Como viven en una zona montañosa los cultivos se establecen en terrazas. Los poblados están rodeados de altos muros con comisión defensiva. Es muy típico en ellos el levantar unas esculturas de madera, los waga, en honor a las personas fallecidas. Es sorprendente ver a las mujeres, incluyendo niñas muy pequeñas, portando grandes haces de leña a la espalda. Desde muy pequeños aprenden que la vida es muy dura para ellas.
Los konso son pacíficos. No tienen hostilidades con tribus vecinas, como las que encontraremos más tarde en la zona del bajo Omo. Beben una especie de cerveza de color verde. Es muy raro ver a un adulto con un fusil a la espalda, cosa que es norma en las tribus que vamos a visitar posteriormente. Su número asciende a unas 300.000 personas repartidas en los 50 poblados
Una cosa que me sorprendió bastante en el pueblo de Konso es ver pasar a un grupo de personas que lleva sobre los hombros una camilla. Encima va un cuerpo completamente envuelto en vendas, como una momia. Se trata de alguien que ha fallecido la llevan a enterrar. Pero la visión de un cuerpo envuelto en vendas encima de una camilla sin cubrir impresiona bastante. En los posteriores viajes que hice Etiopía volví a ver esta escena más veces. La vida es muy dura aquí; el paludismo hace estragos. La esperanza de vida no llega 50 años. En las tribus que vamos a visitar en los días siguientes al paludismo hay que unir la fiebre amarilla, conflictos bélicos entre tribus, y muchas más enfermedades que en nuestro entorno se solucionarían con una simple intervención quirúrgica. Un ataque de apendicitis en la zona del bajo Omo supone un pasaporte para abandonar esta vida. Yo también soy muy consciente de que si en cualquiera de los tres viajes que he realizado por la zona hubiera sufrido algo que no es nada raro aquí, como un ataque de apendicitis, tendría muchísimas posibilidades de abandonar este mundo, pues incluso aunque hubiera podido avisar a través del teléfono satélite que llevé en el segundo y tercer viajes, hubiera tardado un mínimo de cinco días en llegar a un hospital donde poder realizar una intervención quirúrgica en condiciones aceptables. Del mismo modo las pastillas para  la prevención del paludismo aquí hay que cuidarlas tanto o más que el pasaporte o la cartera. La pérdida o desaparición de tales pastillas supondría exponerse a una situación muy arriesgada. Como tendría portabilidad de ver en los días siguientes y en los posteriores viajes que realicé a la zona la mortalidad por paludismo en los poblados del río Omo es muy elevada.





Dejo un enlace a un video de YouTube sobre la tribu konso